Fundación Amigos de Nazaria Ignacia

Metanoia

El cambio de Nazaria no podía pasar desapercibido en el Colegio. La primera sorprendida fue la maestra, que hasta llegó a pensar si estaría enferma.

Pero los ojos de la niña no habían perdido su viveza,síntoma de buena salud, hasta tenía una mayor alegría. La buena religiosa recobró la tranquilidad cuando la pequeña le contó lo sucedido. Entonces comprendió el porqué de aquellas dos posturas, al parecer antagónicas: seriedad en su porte, en su conducta y un dinamismo interior radiante que se reflejaba en su mirada.

La antorcha de la vocación misionera estaba ya encendida,y ella,soñaba,soñaba…

Como le dijeron en la catequesis que los pecadores ofendían a Dios porque no lo conocían,y como le dijeron que los jesuitas trabajaban por darlo a conocer, exclamó entusiasmada: “Yo seré misionero jesuita“.

El celo prende y su temperamento la empujaba a darse.Así empezó a contagiar a algunas de sus compañeras que sintieron su influjo.

El cambio no se limitó a la pequeña figura de Nazaria. En todo el colegio se notó la transformación, por una mayor fidelidad a la disciplina escolar, mayor silencio y dedicación al estudio.

Sin dejar de ser niñas alegres y juguetonas, había también un sentido de formalidad, de mayor fidelidad a la disciplina del colegio, de mayor silencio,que el grupo capitaneado por Nazaria imponía.

Y llegó el día de la Primera Comunión

Las religiosas del Espíritu Santo, conscientes de la trascendencia de ese día,”el más feliz de la vida”, preparaban con todo mimo y esmero a las niñas durante un mes, como último retoque de su atavío de fiesta.

La madre Abadesa llamó un día a su celda a siete colegialas. Entre ellas estaba Nazaria. Mala señal de aquellos tiempos de sus travesuras, que, aunque pasadas, recordaba.

Pero esta vez, el temorcillo de lo que pudiera ser se disipó pronto. La madre les anunciaba que harían su primera comunión el 21 de noviembre de aquel año de 1898, que intensificaran su amor y se prepararan lo mejor posible para el ¡”Gran Encuentro“!

¿Qué contenta se puso Nazaria!… ¡Lo deseaba tanto!…Era tanto lo que amaba que “se dejó hacer”.

El ambiente de piedad y recogimiento que supone un internado con aspecto de claustro conventual, el celo de la Madre maestra que llega a sus límites instruyendo y enfervorizando aquellos corazoncitos, que ya amaban tanto a Jesús, hace que las niñas ardan en amor por Él.

Hasta la festividad del día, “Presentación de la Santísima Virgen en el Templo” ,coopera al fervor y emoción de las colegialas.

Nazaria puso su alma entera que terminaría haciendo el vacío de todas sus “travesuras”, para dejar sitio donde pudiera venir el Señor por medio del sacramento de la misericordia y del perdón divino.

La autora de “la Vida que fue Misa”, nos cuenta precisamente su Primera Confesión

“Era tan pequeña, que para alzarla un poco para que llegase a la mirilla, tuvieron que ponerle dos cojines .Se había convencido tanto de que era Dios mismo quien iba a escuchar sus pecados, que en el confesionario se había sentado el mismo Jesucristo para perdonarlos.

Se confesó sencillamente, pero con mucha pena por sus travesuras. Y mientras recibía una palabra de admonición no pudo resistir ala curiosidad que le bullía por dentro. ¿Cómo sería Dios?…Era difícil encontrar una ocasión mejor para saberlo.

Y dulcemente, trató con su deditos de arrancar las tachuelas que aprisionaban el velo de la cortinilla. Logró ver la sombra de una figura encorvada y percibió la respiración fatigosa del anciano confesor.

“¿Qué cansado estaba Dios!”…Y pensando que era por sus pecados, tanto trató de renovar su contrición, que las lágrimas corrían por sus mejillas, al mismo tiempo que la Sangre purísima de Cristo se vertían sobre su alma purificándola toda.

La víspera del gran día ha pasado con los últimos preparativos…Llega la noche para el merecido descanso…Nazaria no está satisfecha…,aún quiere más. La emoción y el deseo de recibir a Jesús, de poseerlo, le dio fuerzas para dominar el sueño. Ella nos decía que como en un sueño vio a Jesús en la Pasión, la Capturacondena a muerte, el camino entre piedras con la cruz a cuestas, el calvario, y en todo esto, la voz de Cristo que le decía:”Nazaria,tú sígueme…” Cuando estaba en la cruz, próximo a expirar, le pedía, “tú sígueme” y ella contestaba: “Quiero seguirte lo más cerca que pueda”

Todo seguía en silencio en el dormitorio…y en su corazón el eco de aquel “Sígueme” que no se apagaría nunca.

Todo se le había cambiado.Esta frase, en la que ella resumía su experiencia de Dios, está preciosamente ampliada en Teilhar de Chardín que habla de una resonancia peculiar y singularísima, de una radiación difusa que aureolaba toda belleza…, de sensaciones,de sentimientos, de pensamientos, que van entrando en juego.En una palabra, de la “diafanía de Dios”.

Nazaria no captaría esto en toda su profundidad,porque era muy niña, pero la brisa sopla donde quiere y todo ser,  por pequeño que sea, puede recibir su soplo.

Fue la primera insinuación, el primer tanteo por parte del Señor para el compromiso que, años después Nazaria sellaría con su sangre. Y ella le contestó que “SI“.

y llegó el día 21….”la hora de Dios”,del mayor regalo: “Todo el que come mi carne y bebe mi Sangre, tendrá vida eterna”

Las niñas, vestidas de blanco, se iban acercando desde dentro de la clausura al comulgatorio de las religiosas. Nazaria está entre ellas.

¿Qué pasaría por su alma? Respetamos el “Secreto del Rey”. Sólo ella nos dirá después que el momento mismo de la comunión sintió una voz que le dijo: “Ámame sobre todas las cosas”. Ella prometió “seguirlo lo más cerca que pudiera una humana criatura”

Aunque con distintas palabras, pero con el mismo sentido que a la esposa del Cantar de los Cantares, le pide: “Confórtame con pasas, reanímame con manzanas, que desfallezco de amor”. Los dos se habían entendido.

Ese mismo día, ante la imagen de la Virgen del amor Hermoso, hace voto de virginidad. Ya está comprometida. Este es el coloquio que ella tuvo con Jesús después de recibir al Señor:

“…Recuerdo que momentos después entre sollozos y suaves músicas, se acercaban mis compañeras a la Santa Mesa, dejando humedecidos los blancos y delicados manteles donde yo también deposité, al recibirte, esas perlas del alma, que Tú tanto codicias. Después…¡oh mi Jesús”,qué recuerdos tan dulces los de aquella primera entrevista amorosa. Tú me acariciabas y yo, embriagada de amor sólo supe, en aquellos primeros momentos, abandonarme en tus brazos Tu voz resonó en los más íntimo de mi alma, me pedías ser el esposo de ella, y yo, absorta,enloquecida ante ti, en ese mi primer idilio de amor, te juré con voto, consagrarte perpetuamente mi virginidad; te ofrecí el lirio de mi pureza, eligiéndote por esposo. ¿Te acuerdas? Prometí entonces las duras pruebas a que sería sometida más tarde en mi vocación, y te pedí las fuerzas y morir mil veces ante que olvidar mi juramento”.

El amor de Nazaria nunca será estático.Seguirlo…

Bien sabía ella, a pesar de su corta edad, qué supone avanzar al ritmo de Cristo, “codo a codo, a su lado”, como dice un canto.

Y en su deseo de hacer algo, piensa con visión profética formar un grupo con las mejores compañeras que quisieran amar mucho al Señor y salvarle almas.

Serían “misioneras ocultas”.

A imitación de Santa Teresita, su misión sería la oración, el sacrificio y el buen ejemplo.

La Abadesa aceptó entusiasmada el plan: oración y penitencia, de acuerdo a lo que su tierna edad les permitía. En Cuaresma hacían sus extras, ausencia total de azúcar en el desayuno,merienda y postre y mayor silencio.Si cristo nos había salvado por la cruz, ellas pondrían su sacrificio junto con el suyo. Para eso eran misioneras.

Y en aquel pequeño cenáculo, como en el de Jerusalén el día de Pentecostés, el Espíritu Santo derramó su fuego en toda la casa con la natural alegría de las buenas religiosas que alababan a Dios por ello. Las gracias “pentecostales” se derramarán de manera especial a lo largo de su vida.

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